¡Bienvenid@!

Es un placer darte la bienvenida a mi blog. Si quieres conocerme un poquito antes de seguir, puedes hacerlo aquí: Elisa




Sonrisas que curan

Me llegan mensajes vuestros en los que me decís que las últimas entradas os han emocionado y os han arrancado alguna lágrima. Me decís también que aun así os llega el mensaje positivo que hay detrás de cada post.
Una lectora me comentaba que leer mi blog le ha empujado a replantearse las cosas y que ahora trata de ver la vida del color que a ella le gusta que sea.
¡Madre mía! Podría cerrar ya este blog con la satisfacción de que ha servido para algo.
Sin embargo, siento que todavía quiero compartir algunas cosas con quien esté dispuesto a seguir conmigo.

Después de un par de entradas con mucha carga emocional, y desde la perspectiva que me da el haber cumplido un año más, quizás proceda publicar algo más light.
Coincide además con que el verano toca a su fin y los ánimos están más decaídos. Parece que cuesta horrores madrugar y afrontar esta vuelta al cole lejos de la hamaca y la sombrilla. Y es que, ciertamente, cambiar el traje de baño por la corbata no mola nada.

Ojalá existiera una pócima mágica para eliminar de un plumazo el síndrome postvacacional. Pero mucho me temo que no es posible.
No obstante, tengo un pequeño y sencillo truquito que funciona en cualquier época del año y que sin duda os hará la vida más agradable a vosotros y a los que tengáis cerquita.

Es un método fácil, rápido y barato. No necesita preparación previa, formación, inversión, maletas, reservas ni vacunas contra enfermedades tropicales. 
Esta fórmula magistral consiste "simplemente" en SONREÍR.


He comprobado que cuando afrontas el día con una sonrisa en la cara haces que tu vida se torne más alegre. Es como si al sonreír enviaras una señal a tu organismo que desencadenara un efecto positivo e hiciera que todo fuera sobre ruedas. Tu propia sonrisa provoca que te sientas mejor. De hecho, según un spot publicitario de una compañía de seguros, sonreír produce endorfinas, por lo que hay algo de científico en todo esto.

Haz la prueba. Sonríe y comprueba cómo notas que la alegría te invade por dentro. Borra ahora esa sonrisa y cámbiala por un semblante triste. ¿Notas cómo te pesa el cuerpo?
Dicen que la cara es el espejo del alma pero ¿por qué no podría ser el alma el espejo de la cara?

Sonriendo consigues además contagiar ese buen rollo tuyo a todos los que te rodean. Cruzarse con alguien que te regala una sonrisa no tiene precio. Sé generoso. Regálate un cachito de felicidad cada día y regálasela a los demás.
La alegría y las buenas vibraciones se pueden compartir con tan sólo un pequeño gesto y un poco de amabilidad. ¿Qué tal un "buenos días" con una amplia sonrisa a todo el que te cruzas de camino al curro? ¿Cómo crees que le sentaría al barrendero de tu calle un "Have a nice day!" según sales del portal? ¿Tanto te cuesta un "¿Qué tal ha ido el día?" al taxista que te lleva de vuelta a casa? En realidad, no estás haciendo nada extraordinario. No te supone ningún esfuerzo ni un desgaste físico pero te aseguro que funciona. Y quizás mañana estas personas te sorprenderán recibiéndote a ti con una sonrisa. Y, en determinados momentos, una sonrisa es la mejor medicina.


Sonríe aunque algo te preocupe o te duela. Verás cómo la preocupación o el dolor disminuye. Porque una sonrisa en tu rostro no significa la ausencia de problemas, sino la habilidad de ser feliz por encima de ellos.

Anímate e inicia la cadena del buen rollo y pásale el testigo a todos los que tengan la suerte de cruzarse en tu camino hoy. Levántate con buen ánimo y busca al menos un propósito que te ilusione y que te haga encarar el día con ganas y energía. Métete un buen zumo revitalizante, píntate la mejor sonrisa y sal a la calle a comerte el mundo. Siente el poder de la sonrisa para cambiar el universo.

Y si además acompañas esa sonrisa con un andar gracioso, serás la viva estampa de la felicidad. Párate un segundo a pensar cómo andas y verás que no transmites lo mismo cuando arrastras los pies que cuando caminas con ligereza y elegancia. Por la forma de andar conocerás a la gente pero también te conocerás a ti mismo. Camina con alegría y estarás alegre. Ve por la vida sonriendo y la vida te sonreirá.

Te fascinará el efecto que provoca esta actitud en la gente, que irá percibiendo esas buenas sensaciones y la alegría se irá propagando. Sé la cepa de la nueva pandemia. Contagia el buenrollismo y transforma el mundo en sonrisa.
Piensa con cuántas personas te cruzas a lo largo del día, que a su vez se cruzan con otras tantas. ¿Cuántas sonrisas supone eso?
Convirtamos el mundo en un mundo mejor con un millón de sonrisas más al día. Smile and... have a nice day!



¡¡Gracias!!

Hoy cumplo 40 años. ¡¡40 años!! Con un poco de suerte, estoy en el ecuador de mi vida así que resulta inevitable echar la vista atrás y hacer balance de mi primera media vida.

4 décadas cargadas de vivencias y de recuerdos que tan pronto me hacen sonreír como me encogen el corazón.

Pero me encanta el punto en el que me encuentro ahora. Reconozco que no es, ni de lejos, la vida con la que soñaba de pequeña. No se parece en nada al cuento de princesas y príncipes que tanto le gustaba a esa niña romántica y soñadora que yo era, que se dejaba el pelo largo por si algún día algún joven apuesto necesitaba la trenza para escalar a su balcón.
Hace tiempo que ya no creo que en los príncipes. Yo soy más de Infantes... ;-)

Sin embargo, me siento muy afortunada y afronto mi otra media vida con la mochila llena de ilusión, proyectos importantes y mucha energía. En mi bola de cristal veo el fruto de la cosecha de mi primera media vida: felicidad, paz y grandes momentos compartidos.

Y mientras analizo los años pasados, desfilan por mi mente todas aquellas personas que me han acompañado en este primer viaje y que, para bien o para mal, han marcado una etapa en mi vida.
A todos ellos quisiera agradecerles su paso por ella porque yo no sería yo sin ellos.

Gracias especiales y desde lo más profundo de mi corazón a mi familia. A todos los que la componen. Porque la familia no se escoge, te toca de serie. Pero si hubiera tenido que elegirla, sin duda, me quedaría con la mía. 

Gracias por encima de todo a mis padres. Por vuestra dedicación incansable e incondicional. Por estar ahí siempre, a las duras y a las maduras; permanentemente en la retaguardia para cuando hacéis falta. Gracias por hacerme sentir que puedo contar con vosotros. Gracias por vuestra generosidad desmedida, por vuestra fe ciega en nosotros y por cuidarnos tanto. Gracias por hacer las cosas difíciles tan fáciles y por vuestro ejemplo. No hubiera podido tener mejores padres ni mejores abuelos para mis hijos. Gracias por ser los pilares de nuestras vidas.

Gracias también a mis hermanos & Co. Teneros cerca allana mucho el camino. Gracias por lo que significáis para los niños. La figura de los padrinos se queda corta con vosotros.

Y gracias a todo el resto de la familia. Es una suerte teneros y compartir esos momentazos con vosotros. A todos: abuelos, tíos, tíos abuelos que son como abuelos, primos hermanos que son como hermanos, primos segundos que son como primos hermanos y primos terceros que son como primos segundos... A todos, ¡gracias!

Gracias a mis amigos.
A los que estáis conmigo desde pequeña, desde que soñaba con príncipes azules y fornidos marineros que vendrían a rescatarme. 

Gracias, colegui, por embarcarte conmigo en esta regata de la vida. Gracias por tantas y tantas horas de risas, por esos momentos de felicidad absoluta, en el agua y en tierra. Gracias por seguir todavía a mi lado recordándome que no hay que tenerle miedo a la vida y que ahora toca disfrutar, sin temer al futuro.

Gracias a mi enfermera particular por prescribirme protección para mi corazón y por vacunarme contra los virus de la maldad y el desamor.

Gracias por esos paseos de juventud por la playa, esas partidas de billar en la buhardilla a 40ºC y esas conversaciones eternas sobre lo humano y lo divino. Gracias por tu apoyo incondicional en momentos clave de mi vida que no olvidaré jamás y gracias por hacerme madrina de esa preciosidad. Gracias por formar parte de mi familia.

Gracias a los que llegasteis después. A los que me acompañasteis en la aventura del descubrimiento de la vida por Madrid, Inglaterra y mil sitios más. Gracias por abrirme el horizonte y enseñarme a soltarme la melena.

Gracias muy especiales a la persona que más he querido en mi vida. Gracias por poner mi mundo patas para arriba y hacerme sentir la persona más feliz del Planeta. Gracias por hacerme creer, por un instante, que eras mi príncipe azul. Gracias por esos años de felicidad inconmesurable, que bien merecieron la pena. Gracias por ese cachito de vida tan maravillosa que siempre permanecerá en mi retina. Gracias por esos dos regalos extraordinarios y gracias por seguir luchando en esa guerra que te ha tocado luchar. Sabía que la ibas a ganar. No tires la toalla nunca.

Gracias a tanta gente que ayudó a que mi etapa en Madrid fuera un pequeño fragmento de ese cuento de hadas. Habéis conseguido que mi corazón se sienta madrileño. Gracias por esos cafés en Icade, esas copas por Malasaña y esas fiestas en Arturo Soria. Gracias por esas gélidas tardes en Pozuelo y esas largas conversaciones en la urba. Gracias por esas Coronitas en el Marga al son de los Hombres G. Gracias por esos tés reconstituyentes en los despachos de la UAX, con una nube de risas y llantos a partes iguales. Gracias por estar siempre ahí, chicas. Gracias por esos abrazos que me dais que me recargan las pilas y por vuestros sabios consejos. Gracias por ser la jefa más guay y las mejores compañeras de trabajo del mundo. Gracias de corazón por hacer que la distancia Madrid/Alicante sea siempre tan corta.

Gracias a todos los que me ayudasteis a embalar toda una vida en Madrid, con patadas a las cajas de la mudanza incluidas, entre sonrisas y lágrimas, y por no permitir que se me cayera el mundo a los pies.

Gracias a todos los que entrasteis en mi vida a mi regreso y me conocisteis con el alma herida de muerte. Gracias por recomponerla y empujarme a seguir. 

Gracias por traer la alegría a mi nueva urba, con ese optimismo y esa eterna sonrisa, sister. Gracias por adivinar siempre cuándo te necesito y por ponerle los puntos sobre las íes a mi vida. ¡¡Te he echado mucho de menos este verano!!

Gracias a mi letrada favorita. Gracias por ese "Eli, ¿cómo te encuentras" y por ese "No pasa nada. Cuenta con nosotros". Y por regalarle a mi hijo a su mejor amigo.

Gracias por responder al mensaje de mi botella y salvarme del naufragio. Gracias por tu comprensión infinita, por tanto amor y por cuidarme tantísimo. Gracias por acompañarme en los momentos en los que la tormenta arreciaba con más fuerza y ayudarme a borrar de mi vida tantos y tantos temores. Gracias por hacerme sentir persona y por quitarme el miedo a seguir navegando y por hacerme ver que los barcos no siempre se hunden. Gracias por brindarme la oportunidad de volver a vivir.

Gracias también a los que estuvisteis en algún momento en mi vida y salisteis de ella. En este caso, gracias especialmente por marcharos. Hago memoria y afortunadamente veo que solo sois dos.
Gracias por la lección de vida que me disteis. El precio fue muy caro pero gracias a vosotros camino por la vida con los ojos bien abiertos y los pies en la Tierra. Gracias por confirmarme que los príncipes azules no existen, por mucho que se disfracen de caballeros con borlas, y por enseñarme que la ambición, el egoísmo y la cobardía pueden con una amistad de 30 años. Bueno es saberlo.

Gracias a los que estuvisteis y volvéis a estar. Gracias por regresar a mi vida para encender la chispa de nuevo y reavivar las ganas de continuar la travesía pillando olas y sonriendo. Gracias por recordarme el significado de Carpe Diem y transformar 40 años en 40 rugientes. No te vuelvas a ir tan lejos. Quédate cerquita.

Y me guardo las últimas gracias para la razón de mi vida. Gracias a mis dos ángeles de la guarda que activan cada día los engranajes de mi maquinaria.
Gracias por esas sonrisas y esos ojos que iluminan mi vida.
Gracias por cuidarme tanto y por darle todo el sentido a la palabra AMOR.

A todos y cada uno de vosotros: GRACIAS y ojalá sigáis acompañándome 40 años más.



Mi mundo amarillo

Paseo pensativa por delante de la biblioplaya que instalan todos los veranos delante de mi casa e inmediatamente le echo el ojo a "El mundo amarillo" de Albert Espinosa. Será el color -que llama la atención-, será el diseño divertido, será el autor -al que ya conozco y me encanta- o será la frase de la portada: "Si crees en los sueños, ellos se crearán". Justo lo que necesitaba. ¡Me lo llevo!


Empiezo a leerlo y me engancho en seguida. Conocer la historia del autor, enfermo de cáncer de los 14 a los 24 años, narrada con este tinte optimista y positivo, ayuda a poner los pies en la Tierra rápidamente. Desecho mis estúpidos sueños que quería convertir en realidad. Saber que el deseo de algunos consiste 'simplemente' en poder llegar a andar, en aprender a respirar con un pulmón menos o en tener un día más de vida te quita la tontería de un plumazo.

Así que me olvido de soñar y me dejo contagiar por la alegría de Albert quien, tras pasar 10 años de su juventud enfermo, es capaz de hacernos creer que la vida en los hospitales puede ser tan maravillosa como la que hay fuera. Claro que eso sólo puede decirlo alguien que ha perdido una pierna y, en lugar de lamentarse, dice sentirse afortunado por tener un muñón. Efectivamente, tiene algo que los demás no tenemos...

Y mientras consigue que mi corazón sonría con las anécdotas vividas entre sesiones de quimio, horas de quirófano y resultados de análisis, Albert me habla de los "Amarillos". A-M-A-R-I-L-L-O. Que empieza como AMOR y AMISTAD. No es casualidad.

Al parecer, se trata de una nueva figura a caballo entre los amigos, la pareja y los amantes que, según afirma Espinosa, todos tenemos y debemos identificar. Explica además, para más inri, que todos tenemos 23 Amarillos. Veintitrés. Ni uno más ni uno menos. ¡Mi número favorito! Madre mía. Ya no suelto el libro...

Descubro entonces que un Amarillo es una persona que se cruza en tu camino en un momento determinado y te marca para siempre. Es alguien que puedes haber visto una sola vez en toda tu vida pero cuya conversación con él te deja huella eternamente y te ayuda a ser mejor persona. 

Es alguien que te abraza. Que te abraza de verdad. Con esos abrazos intensos y suficientemente largos como para serenarte el alma.

Es alguien que te acaricia, te cuida y te recompone cuando lo necesitas. Es alguien a quien puedes llamar a horas intempestivas y siempre está. Aunque es posible que ya no lo necesites. Verlo una vez puede ser suficiente. Una parte de él ya se ha quedado en ti. Consérvala.

Un Amarillo es alguien especial que de repente te desarma y hace que le confíes los secretos más recónditos. Y es que "lo que más ocultas, es lo que más muestra de ti. Dime tu secreto y te diré por qué eres especial".

Para que alguien sea tu Amarillo además debes haber dormido con él. Y digo bien: dormir. Nada de sexo. Porque, en palabras del propio Espinosa: "Ver cómo despierta alguien, cualquier persona, crea una sensación de cercanía, de verle nacer, de verle volver a la vida; eso es comparable a mil, o mejor dicho, a cien mil conversaciones". Ciertamente, ver esa mirada, recién aterrizada del sueño y aún desprovista de la contaminación de lo mundano, transmite más que cualquier palabra.

Me pongo manos a la obra y repaso los posibles candidatos a ser mis Amarillos. Y sin apenas tiempo para pensarlo, creo identificar al primero. Se presenta ante mi de forma inesperada. Compruebo entonces que sus características coinciden con la descripción de Albert y me quedo tranquila. Porque poner nombre a las cosas ayuda a archivarlas. Así que le pego la etiqueta de "AMARILLO" y lo encierro en el recipiente color canario. Ya sólo me quedan 22...

Sin embargo, un par de días me bastan para darme cuenta que de Amarillo, nada. En todo caso, amarillo fosforito al más puro estilo Acid House. Pero Espinosa no habla de tonalidades. O se es Amarillo o no se es. Así que ¡fuera pegatina! Abro el bote y dejo que mi Amarillo-no-Amarillo eche a volar.

Y me vuelven a quedar 23...

Paso un tiempo dándole vueltas e intentando localizar a mis verdaderos Amarillos pero compruebo que es más complicado de lo que creía. La delgada línea entre unos sentimientos y otros y la confusión veraniega que producen el calor y las horas de chiringuito me obligan a tirar la toalla y sumergirme en otra de las obras de Espinosa cuyo título parece más apropiado: "Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo". Casi nada.


Volver a ser un niño

Resacosa todavía tras el concierto de Los Secretos, me cuesta despertarme de un profundo sueño que me ha transportado al pasado. Un inesperado paréntesis que me deja cargada de emociones y descargada de energía.

Decía Álvaro Urquijo, con voz desgarradora y con esa sonrisa de quien sabe que lo que te está diciendo te está taladrando el corazón, que "con la inocencia tan graciosa, que cambia el nombre de las cosas, con ese brillo que te vuelve un niño, llegaste como si tal cosa. Después del tiempo que he perdido en aventuras sin sentido, me siento solo y a la vez perdido, sólo porque me has sonreído y pido volver a ser un niño..."

Y así, como por arte de magia, como el que sopla una velas y pide un deseo, recupero la juventud. Y me despojo de la madurez para recuperar esa cándida inocencia que te permite exprimir la vida al máximo. Y me libero del miedo para recuperar el arrojo propio de unos años demasiado tempranos para haber sufrido los golpes de la edad adulta. Y, así, resucita el alma e irradia alegría.

Y vuelvo a reír a carcajadas, a bailar hasta que sale el sol, a bañarme sin ropa en el mar de madrugada mientras tirito, a mirar el cielo estrellado en el mismo momento en que pasa una estrella fugaz, a coger olas, a
despertarme para ver amanecer, a sentir el placer de pisar la arena virgen y notar el frío en los pies. Y vuelvo a sentirme viva y se me vuelve a acelerar el corazón.

Y entonces, embriagada por estas sensaciones ya olvidadas, abro mi alma de niña y te desvelo secretos atrapados muy adentro y te enseño las heridas aún abiertas, con la estúpida esperanza de que, al volver a mi mundo presente, éstas ya ni siquiera existan...

Y cuando ya empezaba a creerme que el sueño era real, cuando ya me estaba viendo navegando de nuevo por los mares de la juventud, las luces se apagan y se cierra el telón. Se agotaron los bises.



Y resuenan en mi cabeza las palabras de Álvaro: "pero ¿cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario?"
Fin del concierto. Despierto del sueño. Regreso a la calle del olvido. A mi bulevar de los sueños rotos.
Y no puedo sino "recordar lo que fue y lo que pudo haber sido".
Porque, ya lo decía Enrique, "la nostalgia y la tristeza suelen coincidir. Y si ahora estoy así es porque hoy la vi."

Y no sé muy bien cómo ponerle el punto final a este regreso al pasado.
No sé si procede un "te he echado de menos hoy, exactamente igual que ayer", un "¡vete ya de mi vida! ¡Déjame en paz! Tus ojos de perdida no me dejan soñar" o simplemente un "he muerto y he resucitado y hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado..."

Quizás lo prudente sea volver a cerrar los ojos y esperar que el espectáculo continúe para retroceder de nuevo 40 años, los mismos años que llevan Los Secretos regalándonos canciones que dan sentido a nuestras vidas, y volver a ser un niño...


Los 10 mandamientos para 'mediterranear' sin dar la nota

Estaba esperando el posado de la Obregón para considerar el verano oficialmente inaugurado pero veo la playa llena y los San Fermines en pleno apogeo así que debe ser que ya llegó y que nos quedamos con las ganas de ver a Anita en trikini.
Recuérdame que el año que viene me guíe por el spot de Estrella Damm, que parece que ha tomado el relevo a la reina del papel couché en esto de anunciar el inicio de la época estival...

Y antes de que en nuestras playas y calas se sigan viviendo situaciones tan bochornosas como las que he presenciado con mis propios ojos y en un intento por mantener un mínimo de glamour para no espantar a los turistas que, visto lo visto, es lo único que nos queda en España, me veo en la obligación de recordarte los 10 mandamientos para mediterranear sin dar la nota. Toma nota, please.

1. No te estrujarás la parte superior del bikini al salir del agua. 
Sí, si yo lo sé. Es horrible esa sensación de tener el top empapado y el agua chorreando un buen rato, sobre todo si es de esos que tiene un poquitín de relleno de nada para darle formita a ese pecho tan mono, pero no puedes ir estrujándotelo todo por la vida. Ten en cuenta que, justo cuando sales del agua, contoneándote, la melena al viento, después de haber nadado como una sirena, tienes a media playa con los ojos puestos en ti. No le des esa patada a la sensualidad, por favor.

2. No le explotarás los granos a tu chico en presencia de todos los españoles y de media Gran Bretaña.
¿Qué tendrá la playa que hace que todas las chicas saquen la esteticista que llevan dentro? De verdad que no procede y, por otro lado, párate a pensar si con lo que te ha costado que tu chico te acompañe a la playa, vale la pena que no quiera volver a hacerlo nunca más por un insignificante punto negro. ¿Qué tal un paseíto?

3. No te quedarás en ropa interior.
Comprendo que hay veces que una no tiene planeado ir a la playa y surge sobre la marcha pero hay cosas que no son de recibo. Cada situación tiene su atuendo y ya puedes llevar el conjunto más chic de La -mismísima- Perla que eso no te da derecho a exhibirlo en Cala Vadella. Hay cosas que mejor se dejan para la intimidad. Y como te digo ropa interior, te digo zapatillas de felpa de estar por casa, albornoz e incluso gorrito de ducha. ¡Por el amor de Dios! En la playa, como mucho, gorro de natación, y con (muchas) reservas.

4. No reciclarás el sombrero de paja de las Hogueras.
Si es que lo malo es que las fiestas de San Juan son inmediatamente anteriores a la entrada del verano. Si ya sé yo que la tentación es muy grande y que una cosa lleva a la otra y que seguir poniéndose el sombrero es como mantener el espíritu festero pero de verdad que no es su sitio. El sombrerito con la publi de J&B mejor lo guardas como oro en paño para las Hogueras del año que viene. ¿Tú sabes lo que se estropean con el agua y la sal? Qué lástima...

5. No beberás sangría Don Simón.
Que en la playa puede llegar a hacer un calor insoportable lo hemos comprobado todos pero eso no te da vía libre para llevarte la nevera portátil cargada de sangría, tinto de verano y cervezas del Lidl. Queda terminantemente prohibido desembarcar en la playa con la jaima, las sillas, las mesas de camping, las fiambreras con la tortilla y las empanadas, la baraja, el ajedrez y el loro que utilizaron en el rodaje de la película de Esteso y Pajares en Benidorm. 
Sé un poquito más chic y pásate por uno de esos chitinguitos de moda. Comerás de lujo y ¡lucirás palmito!

6. No retozarás con tu chico en la toalla.
Y esto es más por envidia (insana) que por decoro pero aún así párate a pensar en esas abuelitas estancadas en la postguerra. No les des más sustos, que ya van bien servidas.

7. No jugarás a las palas en top-less.
Esto no es cosa mía ni de los ayuntamientos, sino de Newton. Él fue quien decidió que "todo lo que sube, tiene que bajar". No la tomes conmigo. Yo solo añado a esto que es un estupendo detector de prótesis mamarias. Quietecita se te nota menos. Eso sí, las luces menos también...

8. No usarás el colchón hinchable como embarcación.
Si es que por 3 euros te compras en los chinos un cocodrilo que ya hubiera querido Paul Hogan. ¿De verdad te compensa transportar la cama de tu cuñada la del pueblo todos los días desde el apartamento hasta la playa? ¡Con lo que pesa! ¿O es que estamos entrando ya en temas personales que mejor no tocamos?

9. No ligarás con los socorristas.
A la vista está que todos estos yogurines son ideales y están súpercachas pero te rogaría que no les dieras la chapa, que ellos están para fijarse en otro tipo de balizas y cuidar a otro tipo de niñas. Les pagan para salvar vida, rica, no egos...

10. No girarás nunca las muñecas para que se pongan morenas.
Esto es solo un consejo. Pero digo yo que si no se le han bronceado jamás a nadie desde que el mundo es mundo y la playa es playa, me extrañaría que tú fueras la primera. Ahórrate las agujetas y usa las manos para remover el mojito.

Memoriza bien estas premisas o, si eres de mente dispersa, tatúatelas en el cuerpo -por cierto, de tatuajes, ni hablemos- y ayúdanos a mantener glamourosa las playas. 

Y, por último, y por encima de todo, como bien dice el anuncio de Estrella Damm: LEVANTA DE LA TOALLA. ENTRENA EL ALMA.
¡Feliz verano!